La introducción de la electricidad en México trajo consigo el desarrollo de servicios y profesiones que antes no existían. Sin embargo, también implicó enfrentamientos por el control de la misma. En esta edición hablaremos brevemente de su evolución en el país.

Por ing. Hernán Hernández

Todos entendemos la importancia de la electricidad para la vida diaria de la gran mayoría de los individuos y en general para casi cualquier actividad. Pero ¿qué sabes de sus orígenes en México? En esta edición explicaremos brevemente su desarrollo en nuestro país.

Según el historiador Enrique Olavarria, el primer ensayo del encendido de luz con energía eléctrica tuvo lugar el 2 de noviembre de 1850 en el Zócalo de la Ciudad de México, ante el natural asombro de sus habitantes. Una segunda prueba se realizó días después, el 17 de noviembre del mismo año, en la entrega de premios del Colegio de Minería. Pedro Terreros, el hombre de negocios más poderoso de esa época (el Carlos Slim de sus tiempos), fue el encargado en ambas ocasiones de manipular ese novedoso aparato de luz, sin embargo, pasó mucho tiempo para que las calles de la ciudad pudieran contar con alumbrado eléctrico.

En 1879 se instaló la primera planta generadora que abastecía de energía a la fábrica textil La Americana, ubicada en León, Guanajuato. Al poco tiempo la industria minera también utilizó este tipo de energía; pasó algún tiempo para que fuera aplicada para la iluminación pública y residencial. Un poco antes de entrar al siglo XX, en 1889, operó en Chihuahua la primera planta hidroeléctrica en Batopilas, misma que extendió sus redes de distribución hacia mercados urbanos y comerciales donde la población era de mayor capacidad económica. Así fue cómo inició la iluminación de unas cuantas residencias.

La energía, un servicio público
En 1881, la Compañía Mexicana de Gas y Luz Eléctrica se encargó del alumbrado público residencial en la capital de la República Mexicana. Para 1885 las instalaciones que repartían el gas para el alumbrado público, contaban con una cañería que alcanzaba los 100 kilómetros. En el censo de aquel tiempo se pudieron contabilizar 50 focos de luz eléctrica, 2 mil faroles de gas y 500 de aceite para los barrios alejados del centro.

Uno de los grandes pasos hacia la iluminación residencial y pública se dio cuando se colocaron las primeras 40 lámparas “de arco” en la Plaza de la Constitución, así como 100 en la Alameda Central y se inició la instalación de la iluminación de Reforma y otros lugares de la Ciudad de México.

La privatización del servicio eléctrico

Para que el radio de acción del sistema de alumbrado pudiera llegar a más lugares, el gobierno tuvo que recurrir a la inversión extranjera. De esta manera, arribaron a México compañías internacionales con gran capacidad como The Mexican Light and Power Company, de origen canadiense, que se instaló en la capital en 1898 y más tarde se extendió hacia el centro del país; el consorcio The American and Foreign Power Company, con tres sistemas interconectados en el norte de México; y la Compañía Eléctrica de Chapala, en el occidente.

En 1903, Porfirio Díaz le otorgó a The Mexican Light and Power Company la concesión de la explotación de las caídas de las aguas de los ríos de Tenango, Necaxa y Xaltepuxtla. Así nació el primer gran proyecto hidroeléctrico: la planta de Necaxa, en el estado de Puebla, que comenzó a alimentar de energía a la Ciudad de México en 1905.

El control de los extranjeros era inminente: los canadienses ya controlaban la Compañía Mexicana de Electricidad, la Compañía Mexicana de Gas y Luz Eléctrica y la Compañía Explotadora de las Fuerzas Eléctricas de San Idelfonso. Poco a poco fueron tomando control del centro y algunos estados del sur del país como Puebla, Hidalgo, Estado de México y Michoacán. Adquirieron también la planta hidroeléctrica del Río Alameda, la Compañía de Luz y Fuerza de Toluca, la de Temascaltepec y la de Cuernavaca. La canadiense The Mexican Light and Power Company se convirtió en la principal empresa transnacional que tenía en su poder la mayor parte de la energía eléctrica de México. Para 1910 se contaban con 50 MW, 80% los generaba dicha compañía canadiense que permaneció en nuestro país 50 años más.

En la época del Porfiriato, en México se instaló el alumbrado público y se construyeron generadores que permitieron el desarrollo de otras industrias como la minera y la textil.

Y se puso orden
Entrado el siglo XX se dio el primer paso para ordenar la industria eléctrica con la creación de la Comisión Nacional para el Fomento y Control de la Industria de Generación y Fuerza, conocida posteriormente como Comisión Nacional de Fuerza Motriz. El inicio de la Revolución Mexicana cimbró todos los niveles sociales, políticos y económicos del país. Por supuesto, el sector eléctrico se frenó.

En 1910 México contaba con una de las mejores tecnologías en el campo de la electricidad en América Latina. Esto se debió en gran medida a compañías extranjeras y mexicanas, las cuales hacían de nuestro país un laboratorio de pruebas al aplicar diversos sistemas, métodos de trabajo y maquinaria novedosa.

El 14 de agosto de 1937 nació la Comisión Federal de Electricidad con el objetivo de “organizar y dirigir un sistema nacional de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, basado en principios técnicos y económicos, sin propósitos de lucro y con la finalidad de obtener, con un costo mínimo, el mayor rendimiento posible en beneficio de los intereses generales”.

Para 1938 la CFE tenía apenas una capacidad de 64 KW, misma que, en ocho años, aumentó hasta alcanzar los 45, 594 KW y en 1971 alcanzó una capacidad instalada de 7,874 MW. Entonces, las compañías privadas dejaron de invertir y la CFE se vio obligada a generar energía.

Por otro lado, para asegurar la legalidad de la expropiación petrolera, el presidente Adolfo López Mateos decidió reformar la Constitución en su artículo 27, el cual se redactó de la siguiente manera: “Corresponde exclusivamente a la nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines “.

Después de la nacionalización, The Mexican Light and Power, Co. y sus filiales, fueron reorganizadas por el estado mexicano como sociedades anónimas bajo el nombre de Compañía de Luz y Fuerza, seguida por la región o zona que ocupaban, por ejemplo, la de la capital de la República llamada “del Centro”.

Años después, específicamente el 10 de octubre de 2006, y por decreto presidencial, el entonces mandatario de la República, Felipe Calderón, declaró la extinción y liquidación de Luz y Fuerza del Centro a partir del primer minuto del día 11 de octubre, argumentando los buenos resultados de la Comisión Federal de Electricidad.

La noche del 10 de octubre de ese mismo año, alrededor de las 23:00 horas, la Policía Federal comenzó un operativo que duró un par de horas para tomar las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro en el Distrito Federal, Necaxa, Cuernavaca, Pachuca, Pedregal y Lechería.

Sin embargo, esta disolución de Luz y Fuerza no fue una decisión fortuita sino la conclusión de la disolución autorizada en 1974 por el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, S.A. y todas las empresas hermanas, para su posible fusión con la Comisión Federal de Electricidad. Con lo cual comienza una primera liquidación.

Esta disolución fue ratificada por Carlos Salinas de Gortari en 1990, al reafirmar mediante la reforma de la Ley de Servicio Público de Energía que “las empresas concesionarias, entrarán o continuarán en disolución y liquidación y prestarán el servicio hasta ser totalmente liquidadas. Concluida la liquidación de la compañía de Luz y Fuerza del Centro, S.A., y sus asociadas Compañía de Luz y Fuerza de Pachuca, S.A., Compañía Mexicana Meridional de Fuerza, S.A., y Compañía de Luz y Fuerza Eléctrica de Toluca, S.A., el Ejecutivo Federal dispondrá la constitución de un organismo descentralizado con personalidad jurídica y patrimonios propios, el cual tendrá a su cargo la prestación del servicio que han venido proporcionando dichas compañías”.

Para el año 2000, ya se tenía una capacidad instalada de generación de 35, 385 MW, cobertura del servicio eléctrico del 94.70% a nivel nacional, una red de transmisión y distribución de 614,653 kms, lo que equivale a más de 15 vueltas completas a la Tierra y más de 18.6 millones de usuarios, incorporando casi un millón cada año.
A partir de octubre de 2009, CFE es la encargada de brindar el servicio eléctrico en todo el país.

El desarrollo de la electricidad en México tiene tintes históricos, políticos y tecnológicos interesantes que nos permite entender mucho más el sistema eléctrico con el que contamos hoy en día, mismo que da vida a los proyectos que actualmente representan la fuente de trabajo para los electricistas del país.

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