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En una sala de exposición se combinan niveles de iluminación totalmente diferentes, los cuales son pensados y diseñados por expertos que aplican diversos conceptos para lograr grandes contrastes.

Por: Ing. Hernán Hernández

Como segunda y última parte de este tema, retomaremos conceptos que los diseñadores de iluminación aplican de forma muy consiente para lograr el ambiente requerido; pero también para cuidar la obra que está siendo exhibida.
La luz, como manifestación de la energía en forma de ondas electromagnéticas, es capaz de afectar o estimular la visión, por lo que en los museos se deben considerar los límites exactos de la cantidad de luz que se proyecta sobre las obras, para no contribuir al deterioro de las mismas.

Iluminancia
El término iluminancia especifica la cantidad de energía luminosa que recibe la obra; es un parámetro que se expresa en lux y es directamente proporcional al flujo emitido por la fuente de luz hacia el objeto e inversamente proporcional al área que éste ocupa.
Hay valores de iluminancia máxima recomendada, los que se han establecido por la sensibilidad de las obras, las radiaciones térmicas y los aspectos de visualización. Esto debe cumplirse tanto para las fuentes de luz diurna como las artificiales y la forma en que se aplica es mediante la agrupación de los materiales que constituyen la obra y la iluminancia máxima recomendada que debe aplicarse, de tal suerte que para el grupo A formado por acuarelas, telas, papel, grabados, tapices, entre otros, la luminancia recomendada es de 50 lux; para materiales como por ejemplo: oleos, temperas, hueso marfil, cuero, etc, son considerados en el grupo B y su luminancia será de 200 lux; por último, el grupo C que está formado por piedra, metal, cerámica fotos en blanco y negro se recomiendan 300 lux máximo.

Tiempo de exposición a la luz
Así como la cantidad de iluminancia máxima es un factor importante para limitar la degradación de la obra, el tiempo de exposición a la luz es otro aspecto a considerar. Sobre este punto los criterios de iluminación que rigen el alumbrado de las galerías de arte, donde las obras permanecen un tiempo limitado, son distintos a los aplicados en los museos, donde las exposiciones suelen tener un carácter permanente.
El efecto de degradación o deterioro de la obra es igual al producto del nivel de iluminación sobre la obra por el tiempo de exposición al que está sometida. Esto significa que sufre igual degradación una obra que es iluminada con 100 lux durante 2000 horas, que una que esté iluminada con 50 lux durante 4000 horas.


Este aspecto, si es correctamente controlado, permite al expositor incrementar niveles de iluminación en ciertas ocasiones, compensado con la reducción del tiempo de exposición al público o recurriéndose frecuentemente a la rotación de las obras expuestas.
Los valores acumulativos máximos recomendados que son aceptados en la práctica para reducir el daño y, a su vez, mantener condiciones adecuadas de visibilidad se dan de igual forma que para el nivel de iluminancia; es decir se toman los mismos grupos y se asignan valores en lux-h/año; siendo para el grupo A de 50,000, para el B de 600,000 y para el C no está definido.
Por otro lado el factor de deterioro está estrechamente ligado a los factores de daño que provocan un deterioro acumulativo, y muchas veces irreversibles, sobre las obras, la razón es la emisión de radiaciones infrarrojas y ultravioletas siendo las más severas, las de componente de onda corta.
Para evitar la descomposición química de los materiales que contiene una obra se deben tomar en cuenta los aspectos previamente mencionados para cada grupo, como materiales orgánicos formados por los grupos A y B, inorgánicos formados por el grupo C y compuestos, de lo anterior la degradación de los materiales debido a la exposición de la luz se dividen en dos tipos: fotoquímicos y térmicos.
Los efectos fotoquímicos son atribuidos al contenido de emisión ultravioleta de la fuente luminosa y el cual depende de su composición espectral. Éste es el efecto más importante a eliminar por lo irreversible de su deterioro. El valor máximo recomendado que deben contener las fuentes luminosas para museos es de 75 mW/lumen.
La luz ultravioleta, que normalmente constituye un 1% del espectro cromático de las fuentes lumínicas, manifiesta de forma rápida su efecto de deterioro sobre las obras debido a la duración de la radiación sobre los materiales sensibles y ocasiona especialmente alteraciones en materiales orgánicos. Las sustancias colorantes de textiles y los colorantes orgánicos de las pinturas pierden color, mientras que los barnices y aglutinantes se hacen más oscuros. El papel se torna amarillo y se hace quebradizo, por lo que en poco tiempo el material de baja calidad queda destruido.
Tiempo y espacio harían falta para terminar de hablar sobre este tema, sin embargo es momento de concluir. Hasta pronto y no olvides de seguirnos en las redes sociales.

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