TLACOTALPAN, VERACRUZ

Una luminosa tarde, un río que fluye pacíficamente, un límpido cielo azul celeste, un horizonte cuajado de verde vegetación, las torres y cúpulas de dos blancas iglesias y, al centro, como retando al cielo, unas esbeltas y elevadas palmeras reales: todo conforma un paisaje de ensueño.

La villa de San Cristóbal de Tlacotalpan fue fundada en el siglo XVI en una isla junto a la margen izquierda del río Papaloapan. El lugar fue elegido por los españoles como cabeza de una alcaldía mayor y muy pronto se convirtió en puerto para fragatas y naos provenientes de La Habana, Cartagena y Campeche.

Tlacotalpan es una ciudad de extraordinaria belleza, sus calles del centro siguen la traza de “plato quebrado”, por lo que al recorrerlas de pronto forman ángulos y recovecos. La amplitud de las calles contrasta con la de los estrechos callejones de fachadas. Todas sus casas lucen pintorescos portales a base de columnas y arcos de medio punto. La teja, el ladrillo y la madera son algunos de los elementos de este mestizaje arquitectónico y todo el conjunto es de una gran belleza.

El elemento decorativo más importante de las fachadas es el color; caminar entre pilastras y arquerías a lo largo de sus alegres casas pintadas con vivos y contrastantes colores es un deleite para el visitante.

Por sus características únicas, en 1998 la UNESCO incluyó a la ciudad en la selecta lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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