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Guadalajara, Jalisco

Por: Arq. Juan Aparicio León / Fotografías: Guillermo y Gerardo Aparicio

Guadalajara, un poco de su historia

El 5 de enero de 1532 en el territorio que alguna vez había de llamarse Nueva Galicia, Juan de Oñate, por órdenes de Nuño Beltrán de Guzmán, lleva a cabo en el paraje llamado Nochistlán (hoy en el estado de Zacatecas) la primera fundación de Guadalajara; el nombre, en honor a la ciudad natal española de Nuño. Este asentamiento tuvo apenas cinco meses de vida.

Guadalajara del árabe Wadi al-Hijara, que significa “río o arroyo pedregoso”.

En agosto de 1533 ocurre la segunda fundación, en el lugar conocido como Tonalá; el poblamiento dura hasta abril de 1534.

En 1535 se da la tercera, en un paraje conocido como Mesa de Ajedrez, en Tlacotán. Los pobladores logran resistir hasta el 28 de septiembre de 1541 pues, como en los casos anteriores, los indígenas tecuxes y caxcanes, propietarios originales de esas tierras, sitiaron y destruyeron la ciudad.

El 9 de octubre de 1541 en el valle de Atemajac, sesenta y tres españoles y sus familias constituyen la nueva y definitiva ciudad. El 14 de febrero de 1542 Juan de Oñate encabeza la ceremonia de refundación.

En 1542 el rey de España le otorga el título de ciudad y dispone que sea la capital de la reciente Nueva Galicia, que abarca entonces los hoy estados de Jalisco, Nayarit, Colima, Aguascalientes, y partes de Sinaloa, Durango y Nuevo León.

Para 1560 Guadalajara tiene ya cerca de 3000 habitantes y empieza a expandirse gracias a la actividad agrícola y ganadera, y prospera al convertirse en un punto estratégico para el mercado entre el centro del país y la costa del Pacífico.

En 1810, año del inicio de la guerra de Independencia, Guadalajara, cuenta con cerca de 35 000 habitantes y es aquí donde Hidalgo decreta la abolición de la esclavitud y en sus cercanías los insurgentes pierden ante los realistas una batalla decisiva en Puente de Calderón.

En 1858 es por breve tiempo sede del gobierno del presidente Juárez y la Revolución de 1910 sólo la toca tangencialmente.

Guadalajara es hoy uno de los grandes centros comerciales del país y generadora de varios íconos nacionales, como son los charros, el jarabe tapatío, el tequila y los mariachis, uno de los grupos musicales más popularizados en el mundo. Hay mucho que ver, que oír y que disfrutar en la Perla de Occidente. Y para conocerla un poco nada mejor que hacerlo a través de sus plazas, que rodean la Catedral.

Plaza de los Laureles. Frente a la Catedral, tiene una hermosa fuente conmemorativa de la fundación de la ciudad.

Catedral. Iniciada en 1558, es consagrada el 19 de febrero de 1916; es mezcla de varios estilos, sus características torres de cono octagonal miden un poco más de 65 m de altura, y con el arco y el reloj son indiscutible símbolo de la ciudad. El arquitecto Manuel Gómez Ibarra las construyó en 1854 para sustituir a las que derribó el temblor de 1818, copiándolas de un dibujo que tenía un plato francés que le prestó el obispo Diego Aranda.

Rotonda de los Hombres Ilustres. Cuenta con un bello monumento circular de 17 columnas con estatuas y reconocimientos a los héroes y hombres y mujeres destacados nacidos en Jalisco; fue construida en 1951 y se ubica al lado norte de la Catedral.

Plaza de la Constitución o Plaza de Armas. Se ubica al lado sur de la Catedral, su existencia se remonta al siglo XVI; posee un vistoso kiosko de fierro fundido traído de París a principios del siglo XIX con ocho llamativas cariátides que le sirven de columnas.

Palacio de Gobierno. Construido entre 1643 y 1774, fue reedificado en 1872 y luce en su fachada un reloj añadido en 1855. Aquí decretó Hidalgo la abolición de la esclavitud y el presidente Benito Juárez despachó en sus salones del 14 de febrero al 19 de marzo de 1858. En su monumental escalera José Clemente Orozco pintó un Hidalgo justiciero con su espada de fuego.

Plaza de la Liberación. Es muy amplia y conecta la Catedral con el Teatro Degollado, que se percibe al fondo hacia el oriente. Tiene dos grandes fuentes en forma de copa, por lo que la gente la llama “Las Dos Copas”.

Museo Regional de Guadalajara. Construido entre 1753 y 1758 fue sede del Seminario de San José, se localiza a la izquierda de la Plaza de la Liberación y exhibe piezas arqueológicas, carruajes, vestimentas y armas de la época de la Reforma, pintura novohispana y mexicana, y el esqueleto del mamut encontrado en Zacoalco en 1964. Frente al museo y cerca de la Catedral se abordan las calandrias que pasean a los visitantes por la ciudad.

Teatro Degollado. Es obra de Juan Gálvez y sigue el esquema del teatro de la Scala de Milán, fue inaugurado el 13 de septiembre de 1866 por la gran cantante Angela Peralta, “el ruiseñor mexicano”. Su pórtico de columnas jónico-corintias imita al Partenón griego, en su gran frontón triangular presenta un relieve con las nueve musas y en el interior destacan el vestíbulo con su enorme candil y la bóveda principal decorada por Jacobo Gálvez con escenas de la Divina Comedia.

Hasta 1978, más allá del Teatro Delgado, el barrio de San Juan de Dios, el más tradicional de Guadalajara, mantenía una actividad muy intensa y su alegre ambiente con su pequeña iglesia del siglo XVIII, su Plaza de los Mariachis, el Mercado de San Juan de Dios y la Plaza de Toros “El Progreso”. El gobierno realizó un Proyecto de Revitalización Urbana entre 1977 y 1982; se demolieron numerosas vecindades, algunas antiguas casonas y la plaza de toros, se perdió mucho y se ganó mucho, pues el proyecto aportó una nueva plaza que, con las adyacentes a la catedral, conformó un admirable espacio monumental único en México.

La Plaza Tapatía. Se trata de un alargado corredor comercial y recreativo con esculturas, fuentes y jardines, de las fuentes sobresalen la que se encuentra detrás del Teatro Degollado que, con un grupo escultórico, conmemoran la fundación de Guadalajara en 1542, y la dedicada a Quetzalcóatl, que eleva sus coloridas formas helicoidales al cielo. Al oriente de la plaza destaca el sin duda edificio más importante de Guadalajara:

El Hospicio Cabañas. Por el conjunto arquitectónico de enormes dimensiones, la sencillez de su trazado respecto de otros centros arquitectónicos, la armonía lograda entre los edificios y los espacios al aire libre; y por la serie de soberbias pinturas al fresco realizadas por José Clemente Orozco, el Hospicio Cabañas de Guadalajara en el estado de Jalisco fue declarado por la UNESCO en 1997 Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Don Juan Cruz Ruiz de Cabañas desembarca en Veracruz a principios de 1796, pasa unos meses en la Ciudad de México y llega a Guadalajara el 13 de diciembre de 1796; solicita a la corona de España permiso para crear un edificio en el que se dé alojo a los desamparados, concedido en 1803. El obispo encarga el proyecto al más reconocido arquitecto de la época, Manuel Tolsá y este designa al más destacado de sus discípulos, José Gutiérrez, la supervisión de la obra.

La construcción de la Casa de la Misericordia inicia en 1806 y participan los expertos alarifes de Mezquitán, Pedro y José Ciprés, apoyados por trescientos operarios; el resultado es magnífico y el 1 de febrero de 1810 entra en funciones y recibe a los primeros niños. Pero llega la Guerra de Independencia, se interrumpen los trabajos quedando pendientes de cubrir las bóvedas y la cúpula de la Capilla; la Casa es convertida en cuartel y ocupada por los soldados, caballos y mulas. El 28 de noviembre de 1824, a la edad de 72 años, muere el obispo Cabañas sin ver terminada su obra; en 1828 los militares devuelven el edificio y en 1929 reanuda sus labores.

En 1836 el obispo Diego de Aranda encarga el joven arquitecto Manuel Gómez Ibarra la terminación de las bóvedas de la Capilla y posteriormente entre 1842 y 1845 Gómez Ibarra diseña y construye la ágil cúpula que se eleva sobre el edificio con su serie circular de columnas que parece sostuvieran una gran corona.

En 1936 el gobernador de Jalisco, Everardo Topete, ofrece al genial pintor José Clemente Orozco los muros, bóvedas y la cúpula del hospicio. Orozco cubre aquellos 1250 m2 bajo su visión crítica con escenas simbólicas de la cultura indígena mexicana, la Conquista y la evangelización española. Orozco culmina su tarea con la que se considera la obra cumbre del muralismo mexicano: El hombre en llamas.

El Hospicio hoy En 1977 los niños fueron trasladados a nuevas y modernas instalaciones, y el edificio sometido a intensos trabajos de restauración y adaptación, en 1982 inicia ahí sus actividades el Instituto Cultural Cabañas, cuyo objetivo desde entonces es promover las actividades culturales.

Algo más sobre Guadalajara. Guadalajara cuenta con grandes centros comerciales, zapaterías, San Pedro Tlaquepaque, un mundo de artesanías, Tonalá, con lo mejor en cerámica; y, en cuanto a comidas y bebidas, birria, pozole, enchiladas y las famosas tortas ahogadas, ponche de granada, tepache y ¡tequila!, si además quieres música de mariachi, pues vívelo en El Parían, en el mismo Tlaquepaque.

Guadalajara también es la Feria Internacional del Libro y las Fiestas de Octubre que este año contarán con la celebración de los XVI Juegos Panamericanos.

 
 

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