El guerrero azteca representa las cualidades de los mexicanos: orgullo de sus raíces, valentía y entrega

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Sólo los guerreros reconocidos como valientes podían pertenecer a las élites de las fuerzas armadas del estado mexica.

Éstas se componían de un gran número de plebeyos, con conocimientos militares básicos, y una cantidad considerable de combatientes profesionales, pertenecientes a la nobleza.

Puesto que el imperio se organizaba alrededor de la expansión y el dominio sobre los otros pueblos, la manera de destacar era, por supuesto, a través de sus logros y habilidades en el campo de batalla, especialmente la toma de prisioneros para la inmolación; de hecho, el rito de paso del joven azteca a la edad adulta consistía en capturar su primer prisionero de guerra. El sacrificio de los cautivos era una parte importante para muchos festivales religiosos.

La más grande de las sociedades guerreras fue la de los caballeros águila (cuauhpipiltin), quienes, junto con los caballeros jaguar, fueron una clase especial dentro de la infantería azteca. Ambos se vestían como el animal del que tomaban el nombre, es decir, en el caso de los primeros, utilizando plumas de águila; no estaban restringidos por derechos de nobleza, incluso los macehuales (la clase más baja de la sociedad) podían ser admitidos. Frecuentemente en poesía azteca se utiliza la frase “In cuauhtli, in ocelotl” (las águilas, los jaguares) para referirse a los nobles en la guerra.

En contraste con las con las incómodas y resistentes armaduras de los españoles, los uniformes de los caballeros eran vistosos y reflejaban su coraje y fuerza física, sus méritos. Sus escudos también representaban sus grados en el ejército, los cuales eran coloridos y cubiertos de plumas. En la pierna del guerrero llevaba una banda de piel y en la cabeza usaban cabezas de águilas o diseños con cabezas de estos animales, al igual que plumas para adornarla.

Las plumas variaban según el pájaro y la clase.

Su cuartel fue el Quauhcalli (casa de las águilas), dentro del recinto de ceremonias de Tenochtitlan. Algunos códices indican que entraban en un profundo estado de meditación y podían durar en un sitio en cuclillas, sin moverse, sin comer ni beber durante al menos dos semanas, simplemente esperando el momento oportuno para atacar y matar de un golpe (como era normal) a su enemigo. Se cree que los guerreros águila y jaguar mataron a casi 80% de las bajas españolas, antes, durante y después de la Conquista.

Dentro del recinto se hallaron algunas esculturas que los representan, pueden ser observadas en el Museo del Templo Mayor del Estado de México.

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